Legado del Padre Emilio Cook

La Asociación Pueblo Franciscano de Muchachas y Muchachos (APUFRAM) es una Institución Sin Fines de Lucro, con orientación católica, apolítica, cuyo objetivo es mejorar la calidad de vida y fomentar el desarrollo humano, a través de una formación integral a niñas, niños, jóvenes y madres solteras en situación económicamente desfavorable. En 1970 un joven Sacerdote de la Orden Franciscana Conventual, llamado por su madre como William Francis Cook, pero reconocido como Fray Emilio Cook; arribó a los agrestes parajes de Gualaco, Olancho, Honduras; fue allí, que ese Ángel que no era de estas tierras decidió colgar sus alas para quedarse a servir a quienes más le necesitaban. Fue el Padre Nicolás D’Anton quien gestionó el debido permiso ante obispo de la Diócesis de Juticalpa para que el Padre Emilio se instalase formalmente.

Abandonó las comodidades que le ofrecía la tierra que le vio nacer, Kansas en los Estados Unidos de América, consigo no trajo tesoros materiales, solo su inconmensurable fe, que junto con sus oraciones fieles y escribiendo cartas cada madrugada, ha venido tejiendo milagros, a través de la educación, en las vidas de la niñez y juventud hondureña y dominicana.

El Padre estaba decidido a conquistar y recuperar los dominios de la pobreza económica, que hasta 1970, estaban imperando en la vida de quienes años más tardes se convertirían en los pioneros que se encargarían de levantar APUFRAM y dirigir sus destinos.

Entonces fundó el Instituto de segunda enseñanza Francisco Bertrand, para que los jóvenes tuviesen la oportunidad de cursar sus estudios secundarios; seguidamente instaló dos internados (casas hogares), uno para varones y otro para señoritas; con el propósito que los estudiantes viviesen en condiciones mejores que las de sus hogares y para que a su vez, tuviesen cerca su centro de estudios.  

El Instituto vino a despertar en los jóvenes de Gualaco, el deseo de superación, y fue así como en pocos años muchos jóvenes alcanzaron la oportunidad de escalar hacia los estudios universitarios, cosechando así, los frutos del esfuerzo cultivado tanto por el Padre Emilio como por sus estudiantes.

En 1975 Honduras se vio afectada por la masacre de Los Horcones, en el Valle de Lepaguare, Olancho; en ese fatal evento hubo muchas víctimas entre las que se encontraba el Padre Franciscano Casimiro Zipper, quien había llegado a Olancho por invitación del Padre Emilio Cook. Este acontecimiento puso en precario la permanencia del padre Emilio Cook en esa zona, por lo que decidió trasladarse a Tegucigalpa, Francisco Morazán, instalándose primero en la colonia Miraflores y posteriormente en la colonia San Francisco de Comayagüela donde fundó una casa de formación religiosa y un Instituto de educación secundaria llamado San Buenaventura.

El padre Emilio continuó su misión de ayudar con sus estudios a jóvenes de escasos recursos económicos, quienes además tenían la posibilidad de integrarse a la vida Sacerdotal.

En 9181 el Padre Emilio junto a su primer grupo de estudiantes ya formados y otros en proceso de formación, se trasladan a la comunidad de Flores, Villa San Antonio, Comayagua. Gestionó un permiso del Obispo de Comayagua, Monseñor Geraldo Scarpone, quien le autorizó instalarse formalmente en esa zona. Los jóvenes que aún continuaban en proceso de formación fueron matriculados en el Instituto Guaymuras de Comayagua para continuar sus estudios de Ciclo Común.

Al inicio del año en mención, el Padre Emilio alquiló una casa para albergar a los estudiantes que le seguían, pero en ese mismo año logró gestionar y recaudar fondos para comprar una casa con suficiente espacio, ubicada en el barrio el Campo, en Flores, esta se convirtió en el primer internado de varones que posteriormente sería conocido como Casa Hogar San Francisco de Asís.

En 1982 se inauguró el Instituto Maximiliano Kolbe que únicamente ofrecía educación de Ciclo Común, este comenzó a funcionar con sus aulas en el antiguo Salón Comunal de Flores. Posteriormente logró comprar el terreno para construir las nuevas instalaciones del internado San Francisco de Asís y las instalaciones propias del Instituto Maximiliano Kolbe que fueron finalizadas en 1985, para entonces ya se ofrecía la carrera de Bachillerato en Ciencias y Letras, la que había sido incorporada en 1984.

En 1986 surge lo que hoy se conoce como la Asociación Pueblo Franciscano de Muchachos y Muchachas (APUFRAM). Su Personería Jurídica fue reconocida por el Poder Ejecutivo, a través de la Secretaría de Gobernación y Justicia, el 22 de diciembre de ese año, bajo resolución N° 181-86. En este acontecimiento histórico, el Padre Emilio confió los destinos y la dirección de la Institución a sus primeros estudiantes ya formados.

Se inicia con una era de expansión que duraría 17 años, durante los cuales, el Padre acompañado por los pioneros de APUFRAM formados bajo su tutela, fundarían 10 casas hogares más, incluida una en República Dominicana; 2 Escuelas de educación primaria; 4 Institutos más de educación media; 5 Residencias para albergar jóvenes universitarios egresados de APUFRAM, incluida una República Dominicana. Igualmente se desarrollaron proyectos de producción agropecuarios tales como la producción de hortalizas, cultivos de café, palma africana, granos básicos, árboles frutales, cría de ganado vacuno entre otros, orientados a la formación agropecuaria del estudiantado residente en los internados, a la producción de bienes para el auto consumo, y a la producción de bienes para la venta con el objeto de generar recursos para financiar la Misión Institucional.

Durante todos estos años y pese a las dificultades transitadas, APUFRAM ha caminado con paso firme, y superado con gloria todos los obstáculos que hasta hoy se han presentado. La valentía y la integridad que describen a nuestra Organización, es un testimonio que no solo se expresa con palabras, sino que se demuestra a través de los más de cuarenta mil egresados y egresadas que se distinguen en cualquiera de las ramas del conocimiento por las que hayan optado.

Los profesionales formados por APUFRAM, en la actualidad se desempeñan con éxito, ya sea como emprendedores de negocios, en el campo artístico como la pintura, la música o la poesía; o como Docentes de nuestro Centros Educativos o importantes universidades, como formadores en nuestras casas hogares o como reconocidos ejecutivos, ingenieros o arquitectos en empresas privadas de renombre o instituciones prestigiosas de la administración pública, tanto en el ámbito nacional como internacional. Los aportes de APUFRAM al desarrollo humano son sustanciales, tanto en Honduras como en República Dominicana, pero no fuese posible sin el equipo de colaboradores y donantes que nos respalda. Son ellos quienes, con su esfuerzo, dedicación y voluntad, que construyen la vida de formación de nuestro estudiantado a quienes impulsan a ser transformadores de su propio futuro y su entorno. 

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